sábado 31 de octubre de 2009

Sala de Espera

Esto es el desgarro desnudo en la sala de espera.
El clima maldito y los tickets vencidos.
Nadie dice mi nombre.
Estas son mis pequeñas exageraciones,
Soy peregrino de una caravana de sonrisas muertas.
Pura falsedad, puro terror de ser.
Nada cambia, el corazón sigue bombardeando sangre enamorada,
Es una guerra, queridos míos, la guerra que todos perdemos.
Una aorta exhausta, las esperanzas diluidas en los tiempos, en los años que cuentan los relojes sobre mi cabeza.
Me repele la tristeza, es el vicio de la auto-injusticia.
Imagino tu rostro pintado en el tiempo, en esos relojes que apunto ahora con el dedo
–aquí y allá-,
Las manecillas marcando la hora en tus facciones,
Hora de beber tus lágrimas, hora de absorber tu sonrisa.
Te sigo esperando, espero la espera.
Paso las páginas de la existencia vacías,
Estasis, estancia, estático, estamos, estuvimos, estaremos
Eso es lo que me digo.
Discuto tu ausencia en algún café del centro.
Debato mi presencia en otras salas de espera.
Clínicas, oficinas, inconciencias, bancos, esperanzas, azoteas de la imaginación.
Espero el momento en que mi boca salude tu frente, que mis dedos se deslicen en tu pelo, que no me veas como la naturaleza muerta de tus pinturas.
No estoy muerto, sobrevivo a ratos, me olvido en otros, pero héme aquí –digo de nuevo-
Superación, o disfruto el dedo incrustrado en la llaga.
La llaga que también espera.
La llaga que finge que se va.
La llaga que finge que se.
La llaga que finge que.
La llaga que finge.
La llaga que.
La llaga.
La.



Leonardo García Bello.

miércoles 21 de octubre de 2009

Así es la vida

En frente de una audiencia de 6 personas:


- ¿Cómo era él en la cama?
- Pero weon, es que... (está aquí al lado)
- ¡Está durmiendo! (o sea, está bien hablarlo)
- Ok... yo creo que hay minas que lo pasan mejor.



Delicioso como la vida misma.

domingo 11 de octubre de 2009

The Future

Si éste fuera un mundo peor, el sistema de vigilancia social que describe, entre otros genios, Michel Foucault, se manifestaría superlativamente, a conciencia de todos, pero a su vez, con la calma de quien sabe -cree- que esta vigilancia es para mejor.

Si éste fuera un mundo peor, dicho sistema de vigilancia se manifestaría en la forma de un chip implantado en el cuerpo que almacena todo tipo de información sobre el individuo, desde su fecha de nacimiento hasta la talla de los zapatos que usa para su trabajo nocturno de los viernes y sábados.

Si éste fuera un mundo peor, esa información sería accesible para todo el mundo, como promoción de un sistema tipo Facebook pero de infinito mayor detalle, así también de aterrador nivel de opresión; todo el mundo sabría todo de todo el mundo, una especie de comunismo informático.

Si éste fuera un mundo peor, yo podría acceder a ese sistema y podría encontrar a S., de quien no sé nada hace 2 años, pero quiero saber, porque sí, y porque creo que en ese mundo tan terrible, al menos podría encontrar a quien quiero sin el temor de imaginarme que lo alcanzó el peor de los destinos; podría encontrarlo sin estar frente a la ansiedad de saberlo virtualmente desaparecido de la faz de la Tierra.

No sería un mundo tan terrible, sólo si pudiera hacer eso.

martes 8 de septiembre de 2009

Old Videos

En serio, alguien tiene que detener a esta gente que confunde el dolor con el placer, y no a quienes se atan de manos y se ponen bolitas en la boca, sino aquellos que se masturban viendo las vidas de otros, la felicidad de los otros, las intimidades de otros. Esos que buscan hasta encontrar aquella foto, aquel video, aquel texto que acuse la existencia de un otro, de una otra realidad de la que sabía un poco, pero de la que me ocupo de saber más. Buscar el cómo vivió tu amiga cuando se fue a Inglaterra, fantasear con vidas alternativas si hubieses tenido la remota oportunidad de haber ido con ella, ver videos de tus exes con las parejas que vinieron después de ti, esperando ver aquel esbozo de sexualidad para saborear la tortura ácida de decirte a ti mismo, "él hizo lo mismo conmigo", y acabar incluso con los besos, con las caricias, con las sonrisas, con cualquier fragmento momentáneo de felicidad que te humille al reduccionismo de asumir que tu propia existencia depende de otras... y lo peor de todo, el semen, el semen, autoimagen vapuleada, acabar queriendo ser otro, pero en el fondo queriendo permanecer como el mismo espectador pasivo, con la mano en sus genitales, listo para vivir la cotidianidad de aquel que envidia porque simplemente, la vive mejor. Para vivir sólo hay que hacer eso, vivir, y no estar conciente de hacerlo. Alguien tiene que detener a estos perdedores que se mutilan emocionalmente minimizando sus alegrías propias al goce ajeno, y ni siquiera eso, porque la mecánica de esto, el gran perro mecanismo de esta porquería, radica en que disfruto al sufrir comparándome con otros, comparando mi miseria, mis llantos, mi pasado, con el de otro que estimo mejor. Y eso es lo que hace a este sujeto acabar, desdoblarse orgásmicamente, "la pequeña muerte": ver la felicidad de otros y asumir que la propia es imposible.

Alguien que los detenga, de verdad.

lunes 7 de septiembre de 2009

Höstsonaten

Sé que lees mi blog de vez en cuando, por eso tomaré mis chances y escribiré esto pensando en ti. Ayer vi una película llamada Höstsonaten (Sonata de Otoño) de mi director favorito, Ingmar Bergman, no sé si sabrás. Probablemente lo sabes, probablemente no. Es sobre una hija madura que recibe en su casa la visita de su madre, a quien no ve hace mucho tiempo. En su estadía se develan muchas trancas existentes entre ambas, particularmente la incapacidad de la madre por amar a su hija y los efectos que esto tuvo en ella, y en su relación. Hay una escena que me hizo llorar, sabrás tú, porque me recordó a nosotros, a tí y a mí. Sé que no podemos compararnos de ningún modo, tú siempre has sido una presencia constante, pero la manera de exponer esta conexión tan dramática y extraña que se produce, inevitablemente me llevó a ti. Tengo muchas cosas malas, muchos defectos, muchas formas inapropiadas de decir las cosas, de exudar desprecio, desdén e indiferencia en mis manerismos; trato mal a la gente, en especial a los que me quieren, y tú, al parecer, eres la persona más perjudicada siempre. En la película, la hija se llamaba a sí misma la purgación de los pecados de la madre, como si la transferencia del pecado fuera generacional y más aún, enraizada en los lazos afectivos. A quien quiero le traspaso mis desgracias personales. ¿Es verdad? ¿Es verdad que soy lo que soy porque tú lo fuiste antes? ¿O lo eres? Yo al menos quiero creer que no, y creo fervientemente que no; estás lejos de ser una persona perfecta, pero qué más maravilloso que la imperfección; generación por generación nos vamos pasando imperfecciones y así nos convertimos en seres humanos, rebozantes de imperfecciones que otros seres humanos rellenan queriéndonos. Me diste, entonces, todo lo humano que soy, todo lo que lloro, todo lo que amo, sin importar si me aman de vuelta o no. Soy muchas cosas y seguiré siendo muchas más, pero que te quede claro: nada de lo terrible que soy se debe a ti. Eres secretamente la persona que abrazo por la noche cuando me siento solo, cuando me han roto el corazón de nuevo, cuando quiero celebrar otro de mis pequeños triunfos. Estoy orgulloso por tenerte.

A Cristina, mi madre

Leonardo.